Desde su fundación el cabildo tuvo sin duda una serie de libros, al menos los precisos para el culto, sin embargo, lo que da impulso y nombradía a la incipiente biblioteca de nuestra Catedral es el legado del rey Alfonso X el Sabio, que debía poseer los libros más interesantes de la época. Algunas de las joyas actuales de la Biblioteca Capitular se atribuyen a este legado. En su testamento (año 1284), conservado en el Fondo Histórico General del Archivo Catedral, ordena:
Documento: A.C.S., Fondo Hco. General, Caja 49, doc. Núm.
2, fol. 9r.
“Otrosy mandamos que todas las / vestimentas de la
nuestra capilla con todos los otros libros que los den / a la yglesia
mayor de Santa María de Sevilla o a la yglesia de Murçia, si el nuestro
cuerpo fuese enterrado, sacando las vestimentas que / mandamos dar a aquel
que heredare lo nuestro; otrosy mandamos que / todos los libros de los
cantares de loor de Santa María sean todos / en aquella yglesia do el
nuestro cuerpo se enterrare e que los fagan cantar / en las fiestas de
Santa María; e si aquel que lo nuestro heredare con de- / recho e por nos
quisiere aver estos libros de los cantares de / Santa María, mandamos que
faga por ende bien e algo a la yglesia / onde los tomare porque los haya
con merçed e syn pecado”
Poco a poco, y a lo largo de los siglos se siguen
produciendo legados y donaciones de mayor y menor envergadura tanto en
número de volúmenes como en valor documental. Así el archivo conserva un
documento interesantísimo en pergamino de 870 x 710 mm., en el que se
contiene la donación inter vivos que otorga el arzobispo de Sevilla, don
Pedro Gómez Barroso, el 27 de Junio de 1387, a favor de la iglesia y
cabildo catedralicios y, en su nombre, en favor del prior Diego Martínez
de un total de 120 volúmenes. Se encuentran entre ellos obras de Derecho,
Teología, Filosofía, Patrística, Medicina, Historia y demás ramas del
saber, con representación de los autores de la Antigüedad Clásica, griega
y latina, que nos muestran al arzobispo, como una persona polifacética, de
sólida formación cultural y humanística.
A esta donación efectuada por Gómez Barroso le siguió, en
el tiempo y en importancia, la que realiza el Cardenal de Ostia, don Juan
de Cervantes, quien por su testamento, otorgado en Sevilla, el viernes 16
de noviembre de 1453, instituyó como heredera universal de todos sus
bienes a la fábrica de la iglesia catedral:
“Item mandamos e queremos que conplido e / pagado este
nuestro testamento todo lo en él contenido, todo lo que quedare lo a-/ya e
herede la fábrica de la dicha nuestra eglesia de Seuilla, al a qual en la
mejor / manera e forma que podemos por vigor de la dicha facultad [Bula de
Nicolás V] o alias faze-/mos e contituymos nuestra vniuersal heredera”
Parece evidente que en Sevilla existía casi una tradición entre los hombres cultos de legar a la biblioteca de la Catedral todos o parte de sus libros. D. Hernando Colón es el donante por antonomasia : afincado en Sevilla en donde se construye una casa, mantiene sin duda amistad con algún que otro prebendado de la Catedral y frecuenta la biblioteca. Su padre, D. Cristóbal Colón intimó en los últimos años de su vida con el canónigo D. Luis Fernández de Soria, y no es de extrañar que también lo hiciera su hijo. En una palabra, D. Hernando parece conocer el talante del cabildo y, cuando tiene que legar sus libros, su auténtico tesoro, deja a éste como segundo posible heredero de su “librería”. Hernando Colón, un hombre que vivió y murió amando a los libros, los dona a la Catedral porque sin duda conocía el interés del cabildo por la adquisición y conservación de estas joyas de la cultura. Su legado es el más importante de todos y D. Hernando Colón el más eminente de sus benefactores. La Catedral le pagó enterrándolo con todo honor en el sitio que él dispuso, aun antes de saber si los libros le corresponderían, conservando una buena parte de su legado a lo largo de cinco siglos y aceptando con orgullo el nombre de Colombina para sus dos bibliotecas.
Legado de la Infanta Maria Luisa (1832-1897) : Los duques de Montpensier adquirieron el Palacio de San Telmo de Sevilla, convirtiéndose en la segunda mitad del siglo XIX en el salón de las artes y de las letras. A lo largo de su estancia en Sevilla, mantienen una relación intensa con el cabildo catedral haciendo partícipe a éste de sus acontecimientos familiares, quedando constancia de todo ello en las Actas Capitulares y contribuyendo con sus innumerables donativos a mejorar la Biblioteca Capitular y Colombina. De esta manera, tenemos conocimiento entre otros de un donativo de mil reales para la Biblioteca el 9 de diciembre de 1860, y 30 de agosto de 1897 en donde se habla de la colocación de la estantería que regaló a la Stª Iglesia, para su Biblioteca en fecha de 17 de Junio de 1892, y con posterioridad, el 7 de Enero de 1898 otra nota de las Actas Capitulares informa de la testamentaría de S.A.R. Dª Maria Luisa Fernanda en la que los albaceas de la infanta participaban al cabildo del cumplimiento de la cláusula duodécima de su testamento donando ésta a la Catedral una urna de caoba tallada con una palma bendita y regalada por el papa Pio IX a los duques de Montpensier.
Continuando este proceso
de legados y para terminar habría que señalar también la figura de D. José
Gestoso y Pérez (1852-1917). Este literato español nacido en Sevilla, fue
un eminente arqueólogo y gran erudito que logró reunir en su biblioteca
auténticas joyas bibliográficas. Este legado es de vital importancia
cuando se quiere acometer la investigación sobre la historia local de
Sevilla. Fue entregado a la Biblioteca en la primera mitad del siglo XX,
estableciendo en la cláusula séptima de su testamento lo siguiente:
“Lega a la Biblioteca Capitular de la Santa Iglesia
Catedral de Sevilla denominada Colombina los manuscritos de su pluma, sus
papeles históricos y literarios y de sus libros, todos los que posea en el
momento de su muerte excepto aquellos de que existan ya ejemplares en
dicha biblioteca...en cuanto a los tomos de Correspondencia particular,
deseo que asimismo se entreguen a la Colombina pero encajonados y
precintados, con la condición expresa de que no sean abiertos ni puedan
ser examinados hasta el año de mil novecientos ochenta, a fin a que por lo
pronto no tengan los chismosos, aficionados al conocimiento de intimidades
personales, motivo de entretenimiento”
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