Son cuatro los conocidos como Libros
Blancos de la Catedral de Sevilla, aunque casi todas las citas que se
hacen de ellos van referidas por regla general sólo al primer tomo.
Constituyen una de las primeras joyas históricas y diplomáticas del
Archivo. Su nombre les viene dado por la piel blanca con que están
encuadernados. Diplomáticamente se encuadran dentro de la familia de los
Cartularios y de los Tumbos y Becerros.
El primer tomo y más conocido presenta unos caracteres externos que
nos indican que su confección fue sucesiva a partir del primer cuadernillo
de pergamino, fechado en el año 1411, hasta el último del año 1631. Es un
libro de gran interés para estudios codicológicos, paleográficos,
diplomáticos e históricos.
En él se recogen las distintas fundaciones, patronatos y dotaciones
establecidas dentro y fuera del templo catedralicio, distribuidas por
capillas y enterramientos con la relación de cada uno de sus bienes.
En la primera página de este libro se indica: Libro de las
heredades e logares e mesquitas e bannos e carneçerías e dineros de la
aduana que dieron los muy nobles e altos señores Reyes don Fernando que
ganó a Seuilla, et don Alfón el viejo, su fijo, de dote para la iglesia de
Seuilla. Otrossi los que dieron los prelados
Et otrossi ordenaciones e
costumbres algunas, assi de la iglesia commo del arzobispado...
Entre todas las fundaciones recogidas la más conocida es la
dotación por los Reyes Católicos de un patronato, instituido en 1477 para
conmemorar solemnemente en la Catedral de Sevilla el aniversario de la
victoria de Toro, en cuya inicial iluminada podemos ver una miniatura de
la Virgen con el niño y a Isabel la Católica arrodillada a sus pies.
Pero además en el libro se presenta una división de la diócesis
sevillana en dos regiones; la denominada tierra gallega, a la que
pertenecen las vicarías de Sanlúcar la Mayor, Aznalcázar, Tejada, Niebla,
Huelva, Gibraleón, Almonaster, Zufre y Constantina, y la nombrada como
tierra morisca, que incluye a Carmona, Écija, Jerez, Arcos, Lebrija, El
Puerto, Rota y Sanlúcar de Barrameda.
Según indica el texto inicial en el libro se copian también las
constituciones y ordenanzas de la Iglesia de Sevilla. De este modo, igual
que sucede con los libros Tumbos, podemos consultar las primeras
constituciones del cabildo capitular dadas por don Remondo, Obispo de
Sevilla, en 1261, pero en lengua castellana a diferencia de la copia en
latín que se recoge en los libros tumbos. En estas constituciones se
sientan las bases de la organización administrativa del cabildo, fijándose
el número de prebendas y sus subdivisiones, así como las dignidades dentro
de estas prebendas y la función de cada una de
ellas.
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