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Los libros de Heredades de la Catedral de Sevilla constituyen una fuente documental de primer orden para
profundizar en el conocimiento del patrimonio rural del cabildo.
En el Archivo de la Catedral se conserva el original de la primera
donación hecha por Fernando III a favor de la Iglesia hispalense. Sin
embargo el auténtico mecenas fue su hijo y sucesor en el reino Alfonso X.
Ya en el Repartimiento de Sevilla le asignó al cabildo eclesiástico
heredades como las alquerías de Umbrete y de Lupas, pero fue sobre todo
entre los años 1258 y 1279 cuando Alfonso X se volcó con la Iglesia de
Sevilla dotándola de numerosas heredades de forma directa e indirecta,
contando también con numerosas propiedades urbanas, sin olvidar las
donaciones monetarias.
Según estudios de Isabel Montes durante la Baja Edad Media el
patrimonio temporal del cabildo pasó por tres fases: crecimiento
(1286-1376), plenitud (1376-1425), y consolidación (1426-1500).
Desde finales del siglo XIV contamos con los Libros de Heredades,
que han sido objeto de análisis por parte de Pedro Rubio Merino en “El
libro de las Heredades del cabildo de Sevilla”. Realmente dentro de la
misma serie hay diferencias respecto a la información que aportan unos
libros u otros. En unos se señalan las medidas, apeos y deslinde de las
propiedades rurales, las heredades, aportándose datos catastrales,
mientras que otros responden más al concepto de libros de visitas de
heredades. Los visitadores eran delegados del cabildo encargados de
examinar el estado de las fincas y heredades, casa e iglesias. Iban
acompañados de los agrimensores que eran los que medían y levantaban los
planos de las heredades o casas.
Como complemento a estos libros de heredades cuenta el archivo con
numerosos planos y dibujos de propiedades rurales elaborados por los
citados agrimensores, con la finalidad de controlar y administrar los
bienes eclesiásticos.
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